Jorge Zalamea: el hombre que gritó en la prensa

Por: Diana Paola Guzmán Méndez
@HJCKradio Foto: Cortesía

Literatura

Hace 50 años falleció el escritor, poeta y periodista bogotano. A continuación, presentamos un retrato de Zalamea y su papel en la prensa.

Cuando pensamos en un intelectual, muchas veces, se nos viene a la cabeza la imagen de un señor serio, enterrado en medio de los libros y con largos silencios sobre el mundo. Nada más alejado de la realidad. Antonio Gramsci ya había anotado que un intelectual es aquel que encabeza la batalla cultural, se organiza, piensa con los demás y se expresa sin miedo a la censura. Es decir, una suerte de tejedor de redes vinculantes y poderosas que permiten la comunión del pensamiento y la palabra.

Antonio Gramsci ya había anotado que un intelectual es aquel que encabeza la batalla cultural, se organiza, piensa con los demás y se expresa sin miedo a la censura».

Si tenemos esto en cuenta, Jorge Zalamea es, justamente, la encarnación de un intelectual orgánico que participó sin miedo en la construcción de un sentido colectivo. Por esta razón, la prensa, que es la palestra pública más importante y dinámica de las ideas, se convirtió en su habitación por muchos años.

Siendo un joven de 16 años y bajo la batuta de León de Greiff inicia su carrera de periodista cultural en la revista Cromos escribiendo sobre teatro. Sin embargo, no se limitó a reseñar la escaza vida cultura bogotana, sino a exponer de forma inteligente y sensible, la literatura europea en el periódico el Gráfico.

Si bien tanto la revista Cromos como el periódico El Gráfico eran publicaciones destinadas a la élite, su encuentro y amistad con el poeta español Federico García Lorca aumentaron sus preocupaciones políticas. La más visible sería la necesidad de referir y poner en las páginas del suplemento Lecturas Dominicales, la literatura colombiana. Por sus letras pasaron varios escritores que comenzaron a existir, en el terreno público, gracias a la labor de Zalamea.

Para la muerte de García Lorca (1898-1936), un adolorido amigo dedicaría, en la Revista de las Indias, varios números al poeta y a sus dibujos. Las entregas terminarían con una frase contundente de Zalamea: “(…) el mundo está perdido, perdió su voz, perdió su voz”. Su paso por la Revista de Indias también abrió camino a análisis muy profundos sobre literatura inglesa, la sección se llamó “Minerva en la Rueca”.

Leer la literatura a través de Jorge, es leer la literatura desde el corazón de un apasionado sin remedio”.

A pesar de que su escritura merecía una suerte de enciclopedia y no tenía un tono divulgativo, Zalamea describía de modo tan apasionado las obras literarias, que muchos de sus amigos, como Jorge Gaitán Durán dirían que «leer la literatura a través de Jorge, es leer la literatura desde el corazón de un apasionado sin remedio”.

Regresamos a la idea de Gramsci, la batalla cultural también deviene en la posibilidad de resignificar, invitar a la lectura desde el alma y desde la sangre y para eso, Zalamea, era un experto. Su paso por Lecturas Dominicales fue largo y permanente, incluso en su exilio. Cabe anotar que la voz de Zalamea alentó, desde la radio, a la multitud que pedía justicia por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y a punta de poemas leídos con toda su pasión, varios intelectuales tomaron la vocería e impulsaron la revuelta. De allí surge la publicación Crítica que contiene una postura política clara y que propone la literatura como una trinchera necesaria para la disputa de las ideas.

La década de 1960 lo encuentra escribiendo sobre poesía, sobretodo colombiana y francesa en la revista Eco. Sin lugar a duda, los textos de Zalamea no solo invitan a la lectura de la poesía, sino que pone sobre la mesa problemas estéticos que, aún hoy, son materia de discusión en el coloquio crítico.

Uno de ellos es la unión de todas las artes, la relación entre la pintura y el teatro, entre la poesía y la escultura. Varias de sus columnas se centran en establecer relaciones entre un escenario y otro. Leer la pintura y ver la literatura, actuar la música y la poesía. La lectura que Zalamea proponía era, sin lugar a duda, una práctica que merecía un universalismo, la mente abierta y el espíritu hambriento. Ese mismo espíritu valiente que lo impulsó a protestar por la entrada de los tanques soviéticos a Praga, a pesar de haber ganado el premio Lenín de paz y de no haber recibido el cheque del galardón. A Zalamea eso no le importaba, porque al intelectual que batalla, lo único que le importa, es que sus palabras sean armas para levantarse.


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