Literatura

El 14 de junio de 1990 murió el poeta calarqueño y en la HJCK presentamos su voz recitando uno de sus poemas más famosos. Vidales es uno de los más importantes exponentes de la poesía nacional.

El 14 de junio de 1990 murió Luis Nelson Vidales Jaramillo, considerado el poeta de espíritu irreverente, un vanguardista que rompió esquemas en favor de la paz y en la búsqueda de nuevas expresiones sociales para rechazar las formas de violencia que él padeció.

Vidales fue detenido 37 veces por manifestar su pensamiento político, fue el precursor del Partido Comunista en Colombia, el docente expulsado de su cátedra en la Universidad Nacional, el exiliado en Chile en plena violencia bipartidista; pero también fue el poeta hispanoamericano incluido por Borges y Huidobro en el índice la Nueva Poesía Americana en la década de los años veinte, y Premio Lenin de la Paz en 1985.

Su obra más conocida data de 1926 cuando publicó Suenan Timbres, que escandalizó a la sociedad bogotana de la época. En este libro, usando un tono sarcástico describe los cambios de la ciudad de Bogotá: la llegada de una nueva burguesía industrial, los primeros carros y la vida obrera que surgía en la capital.

La docencia fue otra disciplina que le interesó sustancialmente, y entre sus cargos figura una cátedra de Historia del Arte y Estética. Además de su obra cumbre, Suenan timbres, Vidales fue autor de La insurrección desplomada, La obreriada y El libro de los fantasmas.

La poesía de Luis Vidales, llena de ingenio e ironía, permite dar un vistazo a la Colombia de inicios del Siglo XX.

Yo digo Calarcá a Humberto Jaramillo

 

Yo digo Calarcá y el sueño sube

como el pocillo de café a la boca

y un niño tierno avanza tras la nube

 del año 7, corre, y ya la toca

 

Yo digo Calarcá y algo me sabe

a lulo y granadilla y dulumoca.

Y digo “Pescador”, y la quebrada

en mis corrientes años desemboca.

 

Yo digo Calarcá de chapolera,

de finca cafetera y negra Conga.

Y el niño que está en mí llama a la Negra

y la pone persona con persona.

 

Yo digo Calarcá y el rico cielo

se vacía de estrellas y se colma.

Y hay un lejano y misterioso vuelo,

y algo que se construye y se desploma.

 

¿Dónde está el niño, Calarcá lejana?

¿Dónde el niño, pies ágiles de otrora?

Está en tu aire, está en tu viento, mírale,

no le detengas más, dámele ahora.

 

Por tu mercado anda, el día domingo.

En esta casa está y en esta otra.

Embebido si cantan las campanas.

O junto de la “chicha subidora”.

 

Ama al padre, a la madre y al habano

que a las 6 se recoge hoja por hoja.

Al vaho de la tierra y a Tomijo.

Al hermano y al cielo de langosta.

 

Yo digo Calarcá y el niño viene,

viene y se va a su Calarcá tan sola.

Sin el abuelo ni los tíos ni el padre.

Y sin la bisabuela Mariantonia.

 

Dadme otra vez el niño de mis años.

El niño azul de Calarcá sonora.

Voy a la tierra, dadme, dadme el niño

de cielo. Avanzo hacia la tierra sola.

 

 

 


Canción actual
Title
Artist