Literatura

Lean aquí un adelanto del libro.

Momotaro es  hoy  en  día  uno  de  los  cuentos  populares  más famosos y reproducidos en Japón. Nos habla de una pareja de humildes ancianos que vivían solos, pues  nunca  pudieron  tener  hijos.  Un día lavando en el río la abuela encontró un durazno enorme que descendía por el caudal. Una  vez  en  casa,  con  el  esposo, lo abrieron viendo que  dentro había un bebé. Creció rápidamente y se convirtió en el hombre más fuerte y valiente de la región. Un día partió a la Isla de los Demonios. Por el camino encontró a un perro, a un mono y a un faisán que le acompañaron. Juntos vencieron a los demonios y reclamaron los tesoros para su aldea. Lean aquí un adelanto.

 

Por: Remy-Verdier, Margot / Echegoyen, Pau

“—En el noreste se encuentra la isla de Onigashima —le dijo el señor feudal a Momotaro—. Se la conoce como la “Isla de los Demonios”. ¿Sabes por qué? Porque en ella habitan unas criaturas crueles que lo saquean todo, roban y hacen reinar el terror. Quiero que vayas a esa isla a luchar contra ellos y los derrotes. Además, quiero que me traiga su tesoro maravilloso.

El muchacho aceptó con gusto la misión, pues con ella podría hacer uso de su don extraordinario.

El día de la partida, el padre le entregó a Momotaro el sable que sus ancestros habían usado antes que él, y su madre le preparó unos deliciosos pasteles tradicionales de mijo y arroz, llamados kibi dango.

—Los que hace mi madre son los mejores kibi dango del Japón —dijo Momotaro. Sin tardar más, el muchacho tomó la ruta escarpada que llevaba hasta la isla donde lo esperaba su destino.

—Yo sé que el camino estará lleno de peligros, pero nada va a debilitar mi voluntad.

Tras recorrer varios kilómetros, el camino empezó a descender. Sobre una gran piedra, había un perro sentado.

—Hola, muchacho —saludó el animal—.
¿A dónde vas tan temprano?
—Voy a la Isla de los Demonios, a combatirlos

Luego, el perro preguntó: —¿Qué llevas en ese saco?

—Unos kibi dango. Son los mejores del Japón. —Si me dejas probarlos, te acompañaré

a la Isla de los Demonios.
Momotaro le alcanzó un pastel al perro,

y este lo engulló de un solo bocado. Luego, los dos compañeros

emprendieron la ruta.

Iban caminando por un bosque de vegetación densa. Bajo sus pies, las hojas producían un ruido seco. En las ramas de los árboles, agitadas por el viento, vieron de repente a un mono.

—Hola. ¿Quiénes son ustedes y qué vienen a hacer por aquí? —preguntó el mono, un poco sorprendido.
—Yo me llamo Momotaro y este perro es mi amigo.
Voy a la Isla de los Demonios, a combatirlos”.


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