Literatura

Hablamos con el escritor cubano Antonio Orlando Rodríguez sobre Cuba, la tentación del cuerpo y la libertad que otorga la imaginación a los lectores.

La mayoría de metáforas sobre la vida incluyen una puerta. Escuchamos, por ejemplo, que cuando una puerta se abre, otra se cierra. También, que deberíamos procurar salir o entrar por la puerta grande y que pase lo que pase, si algo es para uno, hasta la puerta le llega. En la literatura las puertas han sido un objeto memorable, han funcionado como escudo y también como portal en el tiempo, siempre en defensa de la privacidad, de lo íntimo, de todo lo que nos cuesta dejar salir. Para Emma Reyes, un hueco en la puerta fue el ojo del mundo, mientras que a Kafka lo resguardo durante la Metamorfosis. No deje de leer: “Nevermind” de Nirvana: 30 años después

Esa fue la inspiración para “La puerta que no quise abrir”, una antología de relatos que convocó a escritores de Iberoamérica a escribir relatos con un elemento en común: una puerta. La multiplicidad de personajes, tramas y sentimientos de cada texto creó un relato compartido en el que se encuentran deseos y carencias de distintas pieles y que, desde la ficción, atraviesan todo el mundo. Hablamos con el escritor cubano Antonio Orlando Rodríguez sobre Cuba, la tentación del cuerpo y la libertad que otorga la imaginación a los lectores.

Hace algunos años, la Cámara Colombiana del Libro invitó a Rodríguez a participar en la Feria Internacional del Libro de Bogotá y ese fue el puente ente el escritor y editorial Panamericana. Esa fue la primera vez que el autor cubano supo de la idea que tenía Fernando Rojas, director editorial, quien en ese mismo instante extendió la invitación y sembró en Rodríguez una pregunta: ¿Qué puede pasar detrás de una puerta?

“Al principio te confieso que no tenía la menor idea de qué iba mi cuento, porque si te pones a pensar La puerta es un elemento absolutamente simbólico que está presente de forma cotidiana en nuestras vidas están presentes y nos marcan en la vida”, cuenta el autor. Sin embargo, logró condensar todos sus pasiones en este texto: una mirada histórica en el tiempo de Cuba y el deseo inconfensable, la posibilidad del cuerpo.

El relato epistolar de Rodríguez presenta muy bien a sus personajes, los describe y casi que hace una imagen mental en el lector, tal como el lo cuenta, “decidí escribir una historia ambientada en el año 1924 porque me encantan los años 20 y el reto era que se me ocurrió ubicar la historia en la ciudad de Santiago, porque existió en esa época una rivalidad entre la Habana y Santiago de Cuba, las dos ciudades más importantes”.

La distancia y las ciudades son claves en el texto y definen, a su vez, el comportamiento de los personajes. Esa fue una decisión creativa del escritor. “Alrededor de eso también construye la historia que tiene como protagonista a un hombre de la aduana de la alta sociedad que hace una corta visita a Santiago de Cuba con la única intención de cerrar un negocio, le escribe todo el tiempo cartas a su amante que ha quedado en la Habana”.

La puerta es una de las figuras de las metáforas más recurrentes en la literatura, sin embargo en este relato no hay una idea única, por el contrario, a medida que avanza la lectura uno se encuentra con un entramado de conceptos, ¿cómo los elegiste?

“Mi premisa fue “¿qué puede haber detrás de una puerta? ¿qué puede haber de sorprendente detrás de una puerta y por qué uno puede querer o no abrirla? A partir de esa ahí, jugué con el personaje que es  bastante arriesgado, lanzado y sin embargo, siempre hay algo que lo frena de abrir esa tercera puerta. Se inhibe de abrirla al menos temporalmente. Quise jugar con esa premisa, con el humor y con el erotismo.

En mis novelas para adultos siempre está presente el erotismo, pero de una manera muy particular. Tú puedes escribir una escena erótica, una situación erótica, describirla o sugerirla, pero cuando está de por medio del humor se pierde el efecto erótico tradicional y se convierte en otra erótica. Es un cuadro erótico mirado a través de un prisma humorístico y los efectos en el lector no son los mismos”.

Este es un relato erótico, una historia con momentos eróticos y es a través de esas imágenes que el lector percibe la tensión sexual entre los personajes. La puerta puede ser la apertura del mundo y también, puede delimitar lo privado y Gabriel está todo el tiempo intentando cruzar el umbral, duda y al final dice que sí, entonces hay una relación muy interesante entre la puerta, lo que queremos mostrar y lo que hacemos solamente si cerramos. Hablemos de la vida privada de la puerta.

Si el cuento se inicia con una cita de Ovidio que habla del amor y de lo prohibido, creo que ese es un elemento: la tentación, el deseo de transgredir, un elemento que está muy presente en la vida de los seres humanos. Por otra parte al ubicar la historia en Santiago y la Habana, ciudades de puro Caribe quise introducir un elemento de una sensualidad más desenfadada. Los personajes de Santiago de Cuba son más directos, más maliciosos, más pícaros. Jugué con eso, lo que no es puritano, hay un elemento de sensualidad muy directo y muy pansexual que es algo que lo desconcierta por la franqueza de la sugerencia.

La relación de Gabriel con Cécil es extraña a lo largo del relato, pero resulta ser confuso para el lector, finalmente al terminar de leer y sin hacer spoiler, uno sí queda con la duda de si ella existe o no.

Me encanta esa apertura a posibles interpretaciones. Cuando uno escribe un relato, al menos es mi caso, me encantan los claros oscuros y me encanta que el lector tenga posibilidades de especular. Yo como lector de ese cuento, cuando terminó de escribir y lo leo a la distancia  como un simple ejercicio de lectura, creo que sí le hiciste y que está totalmente de acuerdo con lo que sucede. Creo que si fuese ella la que estuviese en Santiago sería un más transgresora, esa es mi impresión, pero tampoco voy a pretender que todo el mundo le suceda lo mismo.

Llega un punto en el que te conviertes en un instrumento de la transmisión de los personajes, hay algo de médium, yo me doy cuenta cuando llega ese momento que es el que más disfruto, cuando los personajes empiezan a tomar decisiones que se escapan a mi voluntad como creador y empiezan a decir cosas que nos sorprende y que tengo que apresurarme a escribirlas como si lo estuviera escuchando, antes de que se me olvide.

Con mucha frecuencia los personajes de mis ficciones para adultos escapan de lo que yo inicialmente tenía pensado para ellos, muchas veces nos sorprenden con las cosas que dicen. A veces estoy escribiendo y me río de lo que esos personajes están diciendo, porque siento que eso es lo que él diría, siento que es una criatura viva y que eso suceda en este cuento  me encanta, porque sí es un cuento lleno de ambigüedades de sugerencias donde se explícita muy poco, incluso las circunstancias reales del personaje implican que cada lector se lo imaginé cosas. No hay que darle al lector la tarea hecha por completo, hay que dejarlo que participe.


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