Literatura

Con cabello rubio largo y luciendo vestidos de lentejuelas y de arcoíris, Athena y Scalene leen libros a unos 15 niños en una librería de Riverside, California.

La historia terminaría ahí si no fuera por el hecho de que ambas son drag queens.

“Tenemos un mensaje y ese mensaje es empoderar a los jóvenes para que sean buenas personas y acepten a todos como son a través de historias”, dijo a la AFP Athena Kills, una estudiante de 22 años cuyo verdadero nombre es Jovani Morales.

El taller de lectura forma parte de “Drag Queen Story Hour” (La hora de cuentos de las Drag Queen), una iniciativa lanzada en 2015 por un puñado de librerías y escuelas en Estados Unidos.

Lejos de ser un bastión LGBTQ, como San Francisco y Nueva York, que este fin de semana celebraron el Orgullo Gay con gran fanfarria, Riverside es una pequeña ciudad 100 km al este de Los Ángeles.

Athena Kills y Scalene Onixxx leen cuentos a 15 niños en una librería en Riverside, en California, Estados Unidos.

Pero eso no le impidió a la librería Cellar Door Books unirse al movimiento hace un año.

Este sábado de mañana no se habló de política y proselitismo ni de géneros y sexualidad, solo de un Tiranosaurio, una princesa y un robot tratando de entender el amor.

Athena y Scalene leyeron algunos clásicos infantiles, añadiendo un toque teatral solo para captar y retener la atención de su joven audiencia. Los niños escuchaban atentos. (Le puede interesar: No es necesario que todas creamos en el mismo feminismo)

“Solo aparecer y estar aquí envía un mensaje: que puedes ser lo que quieras”, dice Athena, que no obstante admite que ha enfrentado muchos obstáculos en su vida.

“Al ser una drag queen y gay en general, el rechazo es algo con lo que he vivido toda mi vida, incluso en mi familia”.

“Así que es algo con lo que siempre he crecido”, añade, lamentando que nunca tuvo un “modelo a seguir” al que admirar a una edad temprana.

Payasos y ultraconservadores

Athena comenzó a participar en estos talleres de lectura hace un año, y esta es su cuarta sesión. (También puede leer: Cuir: pistas para la construcción de una historia transfeminista en América Latina)

“A los niños les encanta”, afirma. “Todas estas cosas de colores brillantes, ¿qué niño no quiere ver todo esto? ¡Somos como payasos pero más bonitos!”.

Pero no todos estaban felices con la presencia de drag queens en la librería.

La hora de cuentos de las Drag Queen es regularmente blanco de ultraconservadores y grupos de extrema derecha, que intentan interrumpir las sesiones.

En cadenas de televisión, como el canal conservador Fox News, algunos comentaristas critican el “estilo de vida poco saludable” de las drag queens, a quienes acusan de aumentar el espectro del sida y de ser maliciosas.

“La ‘Drag Queen Story Hour’ es en realidad gente leyendo libros a los niños… no hay ninguna misión subyacente”, asegura Elisa Thomas, de 26 años y vendedora en Cellar Door Books.

Thomas, que es lesbiana, convocó a sus propias amigas drag de forma gratuita para la ocasión.

La propia librería no ha escapado de las campañas de odio en internet, y en una de las sesiones fue epicentro de una tormenta de extremistas cristianos.

Su propietario ha sido además objeto de insultos antisemitas y amenazas en las redes sociales.

“¡Me encantan sus trajes!”

Pero los ataques se convirtieron sin quererlo en publicidad que atrajo a más seguidores a la iniciativa.

Melissa manejó una hora con sus dos hijas que “aman las drag queens” para asistir a la sesión.

“Son una inspiración para ellas”, dice. “Quiero que tengan la experiencia de ver gente que les demuestre que pueden ser lo que quieran”.

“Vivimos en el desierto, no vemos nada de esto en casa”.

Una de sus hijas, Waverly, de 10 años, coincide con su madre.

“Es fantástico que no permitan que la gente les diga qué hacer”, lanza, y subraya: “¡Me encantan sus trajes!”.

Joshua, que tiene 7 años, estaba en la librería por casualidad con su madre Rochelle en el momento de la lectura. Ambos decidieron quedarse.

Tras estar concentradísimo durante la sesión, el niño comenta a la AFP que las historias le parecieron “divertidas”. “Me encantó la del T-Rex”, añade sin mostrar el más mínimo interés en hablar de otra cosa.

“Le encantan los cuentos”, dijo su madre riendo. “Hubiera podido ser un astronauta o un policía leyendo, creo que no hubiese hecho ninguna diferencia para él”.

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