Las diferencias musicales de Beethoven

Por: HJCK
@hjckradio Ilustración: Vanessa Guerrero Urbina

Música

La música para piano del primer Beethoven suene tan vital-y tan diferente de la de sus contemporáneos-es el grado en el que explota un amplio espectro de texturas.

Lo que hace que la música para piano del primer Beethoven suene tan vital-y tan diferente de la de sus contemporáneos-es el grado en el que explota un amplio espectro de texturas. Existen, claro está, modelos y técnicas básicos, convencionales,  característicos de la música para teclado, que operan en su música y a partir de los cuales puede reconocerse fácilmente una deuda con las generaciones anteriores como, por ejemplo, una entre tantas, la técnica que tomó probablemente de la música de Mozart, el cruce de una mano sobre la otra. Convencionalmente, este procedimiento se utiliza para permitir que la melodía  y el bajo se respondan entre sí sobre un acompañamiento continuo en un registro central.

Por otra parte, todas las sonatas para piano de Mozart, y casi todas las de Haydn y Clementi, están escritas en tres movimientos. A este respecto, las primeras sonatas de Beethoven muestran una mínima dependencia estructural de las de sus predecesores: empezó a escribir sonatas en un molde integrado por cuatro movimientos y sólo hasta finales de la década de 1790 comenzó a favorecer un plan tripartito,(es decir en tres movimientos).

Tres son las sonatas que conforman el op.2 de Beethoven. Estas obras, las primeras piezas para piano solo que se publicaron con un número de opus, fueron dedicadas a Haydn, la figura musical más destacada de Viena en la década de 1790 y el primer y más importante profesor de Beethoven en su ciudad adoptiva, Viena. La documentación de estas sonatas es escasa: se conservan pocos borradores y, como es característico de la música publicada en el primer período, no se han descubierto ninguno de los autógrafos. La tercera y más conocida de las sonatas op.2 es también la más extensa y la más brillante de la colección: su virtuosismo ha constituido para los pianistas un desafío raramente igualado por ninguna otra obra seria para teclado del siglo XVIII.


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