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"Uno de los primeros productos culturales abiertamente contrario a lo que representa Bolsonaro". Así definió este viernes Wagner Moura su ópera prima "Marighella", seleccionado en la Berlinale y cuyo estreno en Brasil confía en que sea "cuanto antes".

«Uno de los primeros productos culturales abiertamente contrario a lo que representa Bolsonaro». Así definió este viernes Wagner Moura su ópera prima «Marighella», seleccionado en la Berlinale y cuyo estreno en Brasil confía en que sea «cuanto antes».

Protagonizada por el actor y cantante Seu Jorge, el largometraje repasa los últimos cinco años (1964-1969) de la vida de Carlos Marighella, miembro del Partido Comunista y líder de uno de los primeros brotes de resistencia armada contra la dictadura brasileña. Murió abatido por un cuerpo de seguridad del Estado.

La cinta, dirigida por el actor célebre por su papel de Pablo Escobar en la serie «Narcos», se adentra en ese periodo convulso en el que un puñado de revolucionarios llevaron a cabo una lucha que resultó suicida frente al poderoso aparato del régimen (1964-1985), apoyado entonces por buena parte de la población.

En una entrevista con un grupo de periodistas, Moura, de 42 años, explicó los motivos que le llevaron a realizar este primer largometraje, -seleccionado fuera de competición-, y cómo anticipa su recepción en Brasil, donde, según afirmó, él mismo es blanco de un vasto movimiento contrario a los artistas y al «pensamiento crítico».

¿Por qué decidió dirigir un filme sobre Carlos Marighella?

La biografía de Marighella había salido en 2012 y siempre me fascinaron las historias de resistencia en Brasil. La rebelión negra Mâle en mi Estado natal de Bahía, las manifestaciones populares contra la dictadura… especialmente esta porque nací en 1976. Pero mi generación era muy diferente a la que luchó. Estaba alienada. Estos chicos que ahora salen a la calle (a protestar) se parecen mucho más a la generación de 1964 que a la mía.

¿Qué tuvo que ver Jair Bolsonaro -un exmilitar ultraderechista- con el hecho de rodar «Marighella»?

La filmamos bajo (el expresidente Michel) Temer. Entonces Bolsonaro era una especie de broma. Nadie creía (que podría llegar al poder). No quiero que este filme sea una respuesta a Bolsonaro. Pero es seguramente uno de los primeros productos culturales abiertamente contrario a lo que representa. Él mismo criticó la película antes de llegar a la presidencia.

¿Cómo se planteó esta película respecto a la veracidad de los hechos?

Tenía claro que tenía que ser un filme, ya hay muchos documentales sobre Marighella. Por lo tanto, hay muchas situaciones y personajes que no existieron, pero el alma de la película está sólidamente fundada.

¿Cómo cree que será su recepción en Brasil?

Imagino que el filme será criticado por la derecha, pero también por la izquierda que asegurará que eso no fue exactamente lo que pasó.

Yo estoy preparado para todo, incluso que la abucheen o le arrojen basura en el cine. Hasta que me agredan físicamente.

¿Está asegurado su estreno en su país?

Yo quiero que la película salga cuanto antes. Pero es un problema. Los distribuidores no tienen fecha, quieren esperar, temen la reacción del gobierno. El hecho de estar en la Berlinale y de atraer la atención internacional debería facilitar las cosas.

¿De qué manera atizará su película el debate sobre el término «dictadura» cuando algunos en Brasil hablan ahora de «régimen autoritario»?

Esa es la clave, el relato. El presidente del Tribunal Supremo dijo que no hubo un golpe de Estado sino un movimiento (en 1964). El primer paso es el cambio semántico, decir ‘No fue tan malo’. Todos los gobiernos fascistas empiezan con la semántica. Esta película existe para decir que la dictadura fue horrible.

¿Cuál es precisamente para usted el discurso narrativo de la película?

Que la resistencia es importante en la historia y que los ciudadanos tienen el derecho y la obligación de resistir a las dictaduras, los Estados violentos y los que no respetan a los ciudadanos.

¿Carlos Marighella viene a ser para usted un antídoto a Pablo Escobar?

Los personajes del filme son complejos. Yo no pretendo defender a Marighella. No se trata de una película de buenos y malos, aunque personalmente no puedo no identificarme con los revolucionarios. Quiero hacer películas en Estados Unidos que no refuercen los estereotipos latinos, especialmente después de interpretar a Escobar, como la que ruedo en estos momentos sobre un diplomático brasileño asesinado en Irak.

 


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