Entrevista

Treinta años después de la muerte de Serge Gainsbourg, su hija rompe con su discreción habitual y habla de este eterno ícono de la canción francesa.

Francia vuelve a homenajear a lo grande el legado del compositor, con documentales, libros y reediciones discográficas, mientras su hija prevé abrir próximamente al público el domicilio parisino donde falleció su padre el 2 de marzo de 1991, a los 62 años, de un paro cardíaco. Ella tenía 19. Gainsbourg, una de las actrices fetiches de Lars von Trier, que también participó en «21 gramos», de Alejandro González Iñárritu, y prepara ahora la salida de un nuevo álbum, admite que la figura de su padre puso «el listón muy, muy alto».

 

¿En qué fase se halla su proyecto de abrir al público el domicilio de la calle Verneuil, donde residía su padre?

Está en curso. Durante los primeros diez años, cuando yo era la que estaba más convencida, era demasiado complicado. Después di marcha atrás porque era lo que me quedaba de él. Lo guardaba como un tesoro. Pero cuando me fui a Nueva York hace seis años — ahora ya estoy de vuelta en París –, comprendí que debía hacerlo. Por la gente, pero también por mi salud mental, debía tomar distancias.

Charlotte y su padre Serge Gainsbourg. Foto AFP

 

¿Cómo describiría su morada?

Es un palacete, no se van a descubrir cosas de su obra sino el marco de su trabajo, su personalidad. Es sorprendente: se tiene la imagen de artistas en espacios inmensos, lujosos, en cambio aquello es relativamente modesto. Se trata de una antigua caballeriza, el techo no es alto, la cocina es minúscula. Al principio, era nuestro hogar, con mi madre, mi hermana, él y yo. En la época de mi madre, había pocas cosas, después se empezaron a acumular los objetos, de forma ordenada. Era díficil caminar sin temor a romper algo.

 

Los jóvenes artistas continúan inspirándose en su figura, tanto artística como humana, ¿verdad?

Me parece increíble, es ahora que me doy cuenta. Antes estaba sumida en mi tristeza. Veo el impacto que tuvo en tantas generaciones y que no cesa. Tenía tantas facetas… Manifestaba su lado oscuro, no había una parte secreta. Era una persona de gran delicadeza, que contradice el personaje de Gainsbarre del final (el ‘alter ego’ que se inventó, más identificado con los excesos… Hoy, vivimos en un mundo tan censurado que me pregunto cómo lo habría vivido. ¿Le habrían prohibido salir en la tele? Hacía coexistir su gran sensibilidad con su gran sentido de la provocación. Esto ya no se ve hoy en día».

 

El 30ª aniversario de su muerte dará nuevamente lugar a múltiples homenajes.

Todas estas declaraciones son muy bonitas. La gente no me esperó para marcar (los aniversarios de su muerte). Mejor. Mi padre no estaba encerrado en una época, puesto que trabajó todos los estilos. Dominaba la lengua clásica y la modernidad a la hora de escribir, con humor, eso es todo lo que uno desea, ese refinamiento, esa gimnasia ágil.


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