Entrevista

De sobrio pantalón, sin ocultarse bajo los volantes de un vestido. Así le gusta encender las tablas a Sara Baras, la superestrella del flamenco, que celebra los 20 años de su compañía en Nueva York con un espectáculo donde horada con sus tacones en los estereotipos de género.

De sobrio pantalón, sin ocultarse bajo los volantes de un vestido. Así le gusta encender las tablas a Sara Baras, la superestrella del flamenco, que celebra los 20 años de su compañía en Nueva York con un espectáculo donde horada con sus tacones en los estereotipos de género.

La bailaora y coreógrafa gaditana de 47 años, conocida por su mágico zapateo, se entrega en el escenario a la farruca, un palo del flamenco tradicionalmente bailado por hombres que la persigue desde hace tiempo.

“La farruca es como mi sombra, como que la llevo detrás”, explica en una entrevista con la AFP en el teatro New York City Center, en el corazón de Manhattan, donde se presentará cuatro noches, hasta el domingo próximo, en el marco del Flamenco Festival USA.

“Es un palo elegante, sobrio, es un pantalón y una camisa, ni tu vestido ni tus flores ni nada, no te puedes esconder, tienes que tener verdad. Y a mí me gusta ese riesgo, eso te hace crecer. Hay una entrega total”, asegura.

– Sensualidad en pantalones –

“Si en el momento no lo sientes, no creces, no transmites, no sale”, asegura Baras, que comienza el espectáculo así, de pantalón y camisa negra, aunque luego transiciona a espectaculares vestidos que se pliegan y despliegan.

Hace muchos años que Baras tuvo el coraje de comenzar a bailar farruca, aún en el reducto masculino. Pero hoy, asegura, el palo pertenece tanto a hombres como mujeres.

“Da igual el movimiento, lo que importa es que lo hagas como lo tienes que hacer. Antes los hombres no podían mover la cadera y las mujeres no utilizaban los pies. Y hoy en día no pasa nada, un hombre puede mover la cadera maravillosamente sin ser femenino, y una mujer puede bailar con sus pies sin ser masculina”, se regocija.

Baras confiesa incluso que se siente más femenina cuando baila farruca.

“Es curioso, es un baile de hombre, estoy vestida de hombre, y me siento más femenina que con mi vestido (…) La sensualidad del movimiento en pantalón hace otro tipo de cosas que con tu vestido, incluso el cuerpo está más desnudo, por lo tanto tienes que tener más cuidado en la colocación. Tu cadera, tus piernas, tu cintura, todo tiene que estar en su sitio”, explica.

– Sin fronteras –

Así como no hay género para los movimientos, opina Baras, el flamenco es de todos, sobre todo en esta era de tanta facilidad para comunicarnos.

“Cualquiera que lo siente y lo vive puede hacerlo”, sea de Japón o del sur de España, haya crecido o no en una familia gitana, afirma.

“El flamenco no entiende de fronteras, es un arte que va directo al corazón. No tiene pasaporte. No tiene horario, no tiene limitaciones. El flamenco es libre”, afirma la artista, celebrada en la noche inaugural con una cascada de palmas, bravos y olés.

La polémica sobre la joven cantante española Rosalía, acusada de apropiación cultural por ciertos sectores gitanos y andaluces, la deja un poco perpleja.

El flamenco “es un arte muy difícil y complicado” y hay que respetar a una serie de maestros, pero Rosalía es talentosa y lista, opina. “El arte no tiene limitaciones (…) Lo que te mueve el corazón y te pone los vellitos de punta, eso no se debe nunca cuestionar”.

Baras aún extraña a su gran maestro, el guitarrista y compositor Paco de Lucía, fallecido en 2014.

“Él era el más grande. Fue el más grande de todos. Y sin embargo tan humilde, cercano, con un sentido del humor maravilloso, cariñoso”, cuenta con una sonrisa.

Con él aprendió sobre todo a trabajar duro para que cuando llega el momento de la inspiración, “cuando hable el corazón”, te expreses “con el vocabulario más grande que puedas permitirte”.

La artista asegura que su baile cambió cuando fue madre, hace casi ocho años.

Antes, explica, buscaba la perfección técnica, la velocidad. Ahora valora también otro tipo de cosas: “el silencio, un gesto, un momento dulce. Estar quieta y poder expresar algo casi sin moverte”.

Incansable -esta gira empezó en Suiza y sigue por Miami, Abu Dhabi, Valencia y Barcelona-, promete seguir bailando “hasta que el cuerpo aguante”.

“No conozco mi vida sin baile”, reflexiona. “Bailas y sueltas todo, te comunicas con todo el mundo como si tuvieras una forma de expresión más”.

“Te pones los zapatos y vuelas”.


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