Arte

Colocadas frente a frente, las alargadas y estilizadas figuras de Alberto Giacometti dialogan con obras maestras de Velázquez, El Greco, Tiziano o Tintoretto, en una exposición que abre esta semana en el madrileño Museo del Prado.

En las salas más visitadas del museo, «El carro» («Le chariot», 1950), una esbelta figura femenina sobre un antiguo carro de guerra, se yergue frente a la imponente «Carlos V en la batalla de Mülhberg» de Tiziano, o dos esculturas de «Mujer grande» y otra de «Hombre que camina» trazan un círculo ante «Las meninas» de Diego Velázquez.

Las largas figuras «se integran, enriquecen y aportan un conocimiento mayor» de las obras clásicas, explicó a periodistas Carmen Giménez, la comisaria de la exposición «Giacometti en el Museo del Prado».

Con 18 esculturas y 2 óleos del pintor y escultor suizo, la muestra permanecerá abierta del 2 de abril al 7 de julio.

«Hemos querido hacer un guiño a la historia, invitar a uno de los grandes artistas del siglo XX», enamorado de los maestros del arte y de museos como el Louvre, «que sin embargo no nos visitó», indicó de su lado el director del Museo del Prado, Miguel Falomir.

Pero que Giacometti nunca haya venido a España no quiere decir que no conociera las obras del Prado, ya que en 1939 contempló en Ginebra sus colecciones llevadas allí para salvarlas de las bombas de la Guerra Civil.

En los cuadernos de dibujo del artista, que se introdujo en el surrealismo para luego alejarse de ese movimiento, quedaron copiadas obras de El Greco, Velázquez, Goya o Durero que reproducía para «explorar el pasado en su busca de representar el presente», explicó un comunicado del museo madrileño.

– Imágenes potentes –

Pensada como parte de las celebraciones del Bicentenario del Museo del Prado, la exposición no confina a Giacometti a una sala específica, sino que distribuye su obra «por algunos de los espacios más cargados de significado, mas ahítos de historia del museo», dijo Falomir.

La convivencia de las obras «nos deja unas de las imágenes más potentes que se han dado en el Museo del Prado», celebró su director.

La delgada y delicada «Mujer de pie» («Femme debout», 1948-49) se alza en el centro de una sala dedicada a El Greco y sus figuras religiosas alargadas, o siete versiones de la «Mujer de Venecia» («Femme de Venise», 1956), se muestran en formación junto al «Lavatorio» de Tintoretto.

En otra sala, «La pierna» («La jambe», 1958) ofrece en su delicadeza un contraste con las colosales figuras de la serie de «Hércules» de Zurbarán.

La intención era «que esta exposición sea Giocometti paseándose por El Prado de forma muy natural», apuntó Carmen Giménez.

Aunque el artista suizo era muy humilde, «estaría feliz de que sus obras estuvieran aquí (…) junto a los pintores que más amó», señaló Falomir.

Cedidas por colecciones privadas y públicas tanto españolas como extranjeras, las piezas de la exposición se concentran en la obra de la última etapa del artista, que va desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 hasta su fallecimiento en 1966


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