Música

Centenares de brasileños despidieron este lunes a Joao Gilberto en el Theatro Municipal de Río de Janeiro, donde este padre de la bossa nova, fallecido el sábado a los 88 años, dio uno de sus últimos conciertos.

Como si quisiera despedirse mostrando una vez más que nadie puede tener el control sobre su imagen, Joao Gilberto salió pocos días antes de morir de su reclusión de los últimos años y cenó en un restaurante carioca.

El mítico músico, fallecido el sábado a los 88 años, apareció el martes pasado en un establecimiento de Leme, en una de las extremidades de la playa de Copacabana, junto a su compañera Maria do Céu Harris y su abogado Gustavo Carvalho Miranda, quien colgó fotos del evento.

Comió mariscos, su plato preferido, y bebió un vino portugués.

En el camino de vuelta, «recordó dos shows con cenas de gala, especialmente uno en Nueva York, después de una presentación en el Carnegie Hall, y otro en Italia. También recordó otra cena después de un show en Rio», contó su abogado al diario O Globo.

Esa fue de hecho la «despedida» pública del hombre cuya voz delicada cantando «Garota de Ipanema» sigue cautivando al mundo 60 años después de su grabación.

Y fue probablemente una tregua en la dureza de los últimos años, agravada por el deceso en diciembre de su exesposa Miúcha, otro nombre asociado al auge de la música brasileña a partir de fines de los años 50, con quien mantenía un contacto telefónico asiduo, según la prensa.

Tristeza

Arruinado, enfermo y solo en una casa prestada en Rio de Janeiro, la tristeza que envolvió a este artista en los últimos años parecía no tener fin, como reza el tema que intepreta del compositor Tom Jobim y el poeta Vinicius de Moraes, los otros dos padres de la Bossa Nova.

Sus años postreros estuvieron marcados por una truculenta pelea que enfrentó a sus hijos mayores ─los músicos Joao Marcelo y Bebel Gilberto─ con su última exesposa Claudia Faissol, una periodista cuarenta años más joven que él y madre de su hija adolescente.

Bebel ─también música e hija de Miúcha y Joao Gilberto─ y Joao Marcelo acusan a Faissol de haberse aprovechado del legendario músico bahiano.

Desde finales de 2017, Joao Gilberto estaba inhabilitado judicialmente a petición de Bebel, que aseguraba que su padre no tenía condiciones de cuidar de su salud ni de sus finanzas por su fragilidad física y mental.

Pero la trama no iba solo de dinero.

«En su obsesión por el control, Joao Gilberto tenía la ambición de parar el mundo para ejercer su arte. Delante del micrófono, lo consiguió. Fuera del escenario, fue lo contrario: nunca tuvo control sobre su vida. Se acostumbró a delegarla en otros (…) pero la vida escribe sus propios versos y, a veces, desafina», escribió Ruy Castro, autor del libro sobre la bossa nova «Chega de Saudade» (Ya basta de saudade), en el diario Folha de S. Paulo.

Un genio excéntrico

Pese -o por- su genialidad, Joao Gilberto nunca fue una persona fácil.

Su perfeccionismo obsesivo y sus excentricidades -como su reclusión en pijama en casa o su fobia social (apenas entreabría la puerta para recibir diariamente comida de un restaurante)- lo hicieron tan famoso como sus preciosas interpretaciones de «Desafinado», «Corcovado» o «Chega de Saudade», a menudo en dúo con su primera esposa Astrud Gilberto.

«Gilberto es como Michael Jackson o Prince, un artista genial y raro, aunque su rareza se fue agudizando hasta llegar a esta situación terrible de hoy en día», dijo el año pasado a la AFP Bernardo Araújo, crítico musical del diario O Globo.

La caída

Si pudiera ponerse fecha al inicio del declive de Gilberto, sería 2011.

Ese año Claudia Faissol le convenció de hacer una gira de conciertos para celebrar sus 80 años, pero Gilberto la acabó cancelando alegando problemas de salud.

El cantante ya había recibido un millón de reales (unos 600.000 dólares por ese entonces) como adelanto y fue obligado a devolverlos.

En medio de un prolongado pleito con su primera discográfica, sin CD desde 1989 y sin presentarse públicamente desde 2008, acabó vendiendo en 2013 el 60% de los derechos sobre sus cuatro primeros discos al banco Opportunity.

Acusada de hacerle firmar contratos sin su pleno conocimiento, a mediados de 2017 Faissol llamó a los bomberos para que entraran en el apartamento de Gilberto. Según sus hijos, su exesposa quería llevarlo a la fuerza a la entrega de un premio en Estados Unidos.

Una de las últimas veces que los brasileños lo vieron fue en 2015, cuando el cantante, muy flaco, fue grabado en un video casero con su pijama y su guitarra tocando «Garota de Ipanema» con su hija pequeña.

«La música, en la sangre de todos los brasileños»

«Joao Gilberto representa una nueva era de la música. Inspiró a mucha gente. No es de mi época pero sigue siendo actual», afirma Paulo Afonso Sampaio, un empresario de 43 años, que vino con su guitarra.

«Estar hoy aquí, cerca de él, me estremece. Traje mi guitarra para tener esa inspiración, porque incluso estando en el más allá, me inspira», agrega.

«Soy abogado, pero creo que la música está en la sangre de todos los brasileños. Somos todos un poco músicos, tenemos la samba en nuestras raíces y la bossa nova es una variante de la samba», sostiene, emocionado, Igor Costa, de 29, que trabaja en un despacho del centro de Rio.

La cantante y compositora Adriana Calcagnotto, presente en la ceremonia, destacó todo lo que le debe a Gilberto: «la batida en la guitarra, el canto, la forma de hablar, la selección del repertorio. Cantó lo que quería cantar. Es un gran maestro y sigue siendo una referencia importantísima para cuantas generaciones de músicos estén por venir».

Joao Gilberto vivió prácticamente recluso en su casa durante la última década, con pocos recursos y en medio de querellas familiares por su legado material.

Pero el martes pasado fue a cenar a un restaurante de Leme, en uno de las extremos de la playa de Copacabana, con su compañera, la mozambiqueña Maria do Céu Harris, y su abogado, Gustavo Carvalho Miranda, quien contó que a la salida el músico evocó cenas de gala después de conciertos en Nueva York, Italia o en Theatro Municipal de Río.

La última vez que Gilberto se presentó en este escenario fue en 2008, para celebrar el 50 aniversario de la bossa nova.

Ese mismo año dio su último concierto en Salvador, la capital del estado de Bahía, donde nació y vivió hasta los 18 años, cuando se mudó a Río.

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