Arte

El impresionista español Joaquín Sorolla, conocido por sus luminosas escenas a orillas del mar, retrató también la dureza de la vida en la España de 1890, unas obras que la National Gallery de Londres reúne ahora por primera vez en Reino Unido.

Hay muy pocas obras de Sorolla (1863-1923) en las colecciones públicas británicas y el país no había organizado una retrospectiva del gran impresionista valenciano desde 1908.

Para colmar ese vacío, la prestigiosa Galería Nacional organiza del 18 de marzo al 7 de junio una gran muestra titulada «Sorolla: el maestro español de la luz», cuya inauguración oficial corrió a cargo de la reina Letizia de España y el príncipe Carlos, heredero al trono británico.

«En esta exposición tenemos la oportunidad de ver toda clase de obras, desde el retrato íntimo al retrato velazqueño, pero también esa explosión de vida, de alegría, de amor a la naturaleza que tenía Sorolla«, y por supuesto sus obras de denuncia social, explicó el jueves su bisnieta, Blanca Pons-Sorolla, en la presentación de la exposición.

Aunque es conocido por su excepcional manera de captar la luz mediterránea en sus idealizadas escenas de niños jugando en la playa o elegantes mujeres en exuberantes jardines, Sorolla comenzó su carrera plasmando las asperezas de la España de finales del sigo XIX, enfrentada a la convulsión social y la pérdida de las últimas colonias.

Son lienzos de excepcionales dimensiones y gran dramatismo que hablan de delincuencia, de explotación laboral, de los estragos de las enfermedades en las clases más desfavorecidas.

«Rara vez la técnica impresionista se había utilizado para un fin tan provocador», señala el museo londinense, subrayando que «por primera vez en el Reino Unido se reúne una serie de estas preciadas pinturas sociales».

– La vida de los desfavorecidos –

La exposición incluye «¡¡Otra Margarita!!» (1892), el impactante retrato de una mujer detenida por el asesinato de su hijo, y «¡Triste herencia!» (1899), cuadro protagonizado por un grupo de huérfanos discapacitados y desnudos, que se conservó en la Iglesia de la Ascensión en la Quinta Avenida de Nueva York  durante 50 años hasta que regresó a España en 1981.

Pescadores, campesinos, obreros o prostitutas habitan esta serie de lienzos, reunidos en una de las siete salas de la exhibición, y en la tristeza de sus rostros queda reflejada la dureza de sus vidas.

Con el cambio de siglo, Sorrolla encontró una clientela adinerada y sus temáticas se alejaron de las cuestiones sociales, pero estas obras tempranas tuvieron una larga influencia en las siguientes generaciones de pintores españoles, entre ellos Pablo Picasso.

El interés del más conocido impresionista español viró entonces hacia bucólicas escenas de campo y mar, como «Mediodía en la playa de Valencia» (1904), «Tarde de sol en el Alcázar de Sevilla en invierno» (1908) o «María pintando en El Pardo» (1907), en que profundizó su técnica para plasmar los juegos del sol con grandes pinceladas, creando imágenes como desenfocadas por efecto de una luz casi deslumbrante.

«Nadie antes o después ha pintado la luz del sol del Mediterráneo como Sorolla«, afirma Gabriele Finaldi, director de la National Gallery, considerando que «fue el pintor más importante en España entre Goya y Picasso».

Entre las 60 piezas de la muestra, que abarcan toda la carrera del artista, no faltan tampoco los famosos retratos de su familia y las obras más oscuras, como «El borracho, Zarauz» (1910), en que buscó igualar la penetración psicológica y el sentido de presencia humana de grandes maestros españoles como Goya y Velázquez.

Especialmente este último, afirma Pons-Sorolla: «su gran maestro es Velázquez (…) lo fue a lo lago de toda su vida».


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