Cine

Del 22 al 24 de febrero, en 20 salas de Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Manizales, Armenia, Pereira, Ibagué y Popayán se presentará “Munch, El grito del alma”, dirigido por Phil Grabsky.

Desde pequeño el pintor y grabador Edvard Munch vivió de cerca la muerte: su madre murió de tuberculosis cuando él tenía cinco años y poco tiempo después su hermana Sophie falleció de la misma enfermedad. Fue entonces criado por su padre, un militar fanático religioso, y otra hermana que más adelante fue recluida en una institución mental. Todo esto forjó en el pintor noruego una personalidad difícil que él mismo catalogó como la base de su talento.

Una de sus obras más conocida es “El grito”, ese personaje de cara distorsionada tan difundido en la cultura visual de nuestra época y por ser el precursor fundamental del Expresionismo Alemán, un movimiento que transformó el arte al darle voz a las pasiones más íntimas de los individuos. Munch explicó que su cuadro más famoso llegó a existir porque un día, en una caminata normal, vio un atardecer de un color rojo tan espeluznante que se sintió consumido de miedo y ansiedad. La agónica cara del protagonista del cuadro expresó su horror interior.

Esa caminata ocurrió en 1884; en agosto del año anterior fue la notoria explosión del volcán del Krakatoa en Indonesia. Vertió tanta ceniza, polvo y gases a la atmósfera que enfrío por un grado el planeta y también generó el fenómeno que observó Munch: un atardecer que parecía que el cielo estaba ardiendo, el mismo que él retrata en su obra. Tomó un año para que el efecto llegara al norte de Europa y fue tan impresionante que ocupó la primera página de varios periódicos.

El amor, la enfermedad, la muerte, la soledad, la melancolía, la angustia y la locura fueron sus temas recurrentes. En sus cuadros reflejó todos sus temores, vivencias y tormentos con un estilo personal que acentúa la fuerza expresiva de la línea, reduciendo las formas a su expresión más esquemática y haciendo uso simbólico del color. A Munch le interesó más captar el espíritu y las emociones humanas en sus pinturas. Entre sus obras más importantes se encuentran ‘El grito’, ‘La niña enferma’, ‘El beso’, ‘Melancolía’, ‘Noche’, ‘El vampiro’, ‘Muchachas en el muelle’, ‘Madonna’, ‘Pubertad’, ‘Muerte en la alcoba’ y ‘La danza de la vida’.

Datos relevantes del pintor:

La enfermedad engendró su éxito

Siendo un niño tan frágil y enfermo, Munch no podía salir en los duros inviernos de Noruega, su país natal. Además, aun cuando era verano, o temporada escolar, muchas veces estaba muy débil para dejar su hogar. Pasaba mucho de ese tiempo dibujando, estableciendo la base de su carrera futura. Todas estas tragedias, personales y familiares, nutrirían su arte.

Sus primeras críticas fueron muy negativas 

Mientras era estudiante, de una profesión que su padre descalificó como poco cristiana, Munch retrató a su compañero, Karl Jensen Hjell, en un estilo impresionista. Hoy en día, ese cuadro está en la National Gallery de Oslo, pero en su momento dijeron que era «extrema» y «una tergiversación de la noción del arte».

Enemigo de Adolf Hitler

El dictador nazi incluyó las obras de Munch en su lista de «arte degenerado» y mandó a bajar cerca de 82 cuadros de Munch que colgaban en museos alemanes. La campaña nazi contra el arte resultó en el saqueo de más de 600.000 obras de arte, muchas de las cuales siguen perdidas en la actualidad. Curiosamente, Munch murió durante la ocupación nazi de Noruega y le rindieron honores fúnebres.

 El «pintor del alma»

Munch siempre fue claro que su inspiración era la emoción. La vida, la muerte, el amor, la ansiedad y los celos fueron algunas de las fuentes, y los títulos, de varias de sus obras. También retrató sus propios dolores: pintó seis cuadros dedicados la muerte de su hermana.


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